
No ha parado ni un momento en los dos últimos años este trío de neoyorkinos afincados en Los Ángeles y ya tiene un nuevo disco, Look At Life Again Soon, un nuevo compendio de garage, punk añejo y melodías poppies para el que han vuelto a acudir a Liam Watson, un viejo maestro del garage retro, responsable de los estudios Toe Rag.
Así pues la alianza entre el productor del Elephant, de The White Stripes y The Ettes, ha vuelto a cuajar y Coco Hames, Poni Silver y Jem Cohen no parece que hayan hecho un disco precipitado. Primero, porque ellos mismos se han vuelto a autoproducir ya que nadie ha confiado en el trío hasta el punto de ilusionarse con su cancionero; y, segundo porque han mejorado sustancialmente lo que hicieron en su debut de 2006.
The Ettes cabalgan por los páramos sixties a base de guitarras con mucho fuzz, potente percusión y bajos subrayando un sonido en el que caben unos Stooges domesticados, unas Bikinil Kill menos riot grrrls y un desparpajo que solamente encontramos en la banda de Jim y Meg White, lo cual es decir mucho.
A diferencia de Shake The Dust, un álbum que no me dio mucho más donde había una porción notable de medios tiempos, aquí han grabado temas más divertidos y movidos que tendrán en directo una gran aceptación. Me estoy refiriendo a ‘Subject’, ‘Marathon’, ‘Crown of age’ y ‘Girls are mad’, aunque en mi top están ‘Pay up’ y ‘I heard tell’, que suenan superprimitivas, con la guitarra saturada a tope. Atención a ‘Two shakes’, que por momentos recuerda al C’mon everybody, de Eddie Cochran.
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Continuación de la primera parte que pudistéis leer ayer. The Stoichkovs nos siguen dando hablando de su proyecto, donde se dan cita el cine de serie B, el rock and roll de The Cramps y las ganas de pasarlo bien por parte de un grupo novel que está ilusionado con lo que ya ha conseguido. Apuntan a que en el próximo trabajo ahondarán más en el rhythm and blues, como se ve en las primeras canciones de Vulgarian Varieties, y eso siempre es una buena señal.
¿De dónde viene ese gusto por el cine de serie B y la mezcla con la música?
Supongo que es un poco un complemento más o menos común en la música garagera, me refiero a los guiños a las películas de serie B, (ya puede verse en gente como los Cramps). Nosotros queremos ir un poco más allá, y en los conciertos disparamos audio de estas películas entre canciones y proyectamos videos del mismo género.
Al principio del LP sonáis más rockeros, pero según va avanzando el disco tiráis más por sonidos más actuales ¿Qué parte tenéis de cada? ¿Está buscada esta división?
Bueno, a la hora de grabar el disco no teníamos muy definido el camino por donde tirarían los Stoichkovs, todo fue bastante precipitado, e intentamos dejar constancia de ese tira y afloja de sonidos que se pueden escuchar en el disco, de ahí el nombre de “Vulgarian Varieties”. Ahora ya hemos encontrado nuestro sonido que va más acorde al R&B que se destila en las primeras canciones del disco. Esa será la onda que llevarán los Stoichkovs en próximas grabaciones y la que ya se puede disfrutar en directo.
¿Qué fragmento y de qué película es el que aparece en Rock ’n’ roll invaders?
Son fragmentos del trailer de la película de los años 50 “Them!”.
¿Por qué sólo siete canciones?
Como te comentaba anteriormente todo fue bastante precipitado, como casi todo en nuestra corta existencia como grupo. Tuvimos poco tiempo para sacar temas antes de la grabación y encima Pepe Cifuentes, nuestro técnico y productor tuvo un accidente que hizo que todo se retrasara más todavía. No queríamos grabar canciones por el mero hecho de rellenar, así que supongo que todas estas vicisitudes hicieron que solo aparezcan siete cortes en el CD.
Después de este LP, ¿qué habrá de The Stoichkovs?
Con este LP comienzan los Stoichkovs. Ahora hemos encontrado nuestro sonido y estamos llevándolo en gira por bastantes ciudades. Cuando terminemos la gira, supongo que grabaremos todo el material nuevo.
Habéis grabado con Pepe Cifuentes, ¿Cómo fue la experiencia?
Genial. Pepe es una excelente persona además de un profesional como la copa de un pino. Hubo muy buen rollo durante la grabación y fue una experiencia muy grata.
Además contáis con dos buenas colaboraciones: Honky Tonk Sánchez y Rosendo, entre otros. ¿Amiguetes echando un cable o a qué se debe?
Más o menos. Tuvimos la suerte de compartir escenario con Honky Tonky Sánchez (ex Mercromina), y le encantó lo que hacíamos. Grabamos un tema juntos “Old train Song”, y poco a poco fue interesándose más por el proyecto durante la grabación, y nos puso en contacto con Rosendo (ex Franky Franky), para colaborar también con las armónicas. Todo un lujazo.
Lo que llama la atención es que el disco lo dedicáis “A la memoria de nuestra juventud” y después ponéis una calavera en la contraportada. ¿A qué se debe la dedicatoria? ¿Hay alguna lectura entre ambos mensajes?
Bueno, lo de la memoria de nuestra juventud, es un poco para cuando echemos la vista atrás, recordar de dónde venimos y hacer un homenaje a esa época de nuestras vidas en la que todavía era posible hacer grandes sacrificios por la música y por sacar adelante tu proyecto. Supongo que con el paso del tiempo eso se hace cada vez más difícil. La calavera es cosa de Enrique Borrajeros, el diseñador del arte gráfico del disco, que tuvo libertad total para hacer lo que quiso.
Albacete es tierra conocida por poner a Surfin’ Bichos en el mapa, ¿cómo está la situación por allí?
En Albacete se da una extraña paradoja: hay una cantidad enorme de grupos con calidad, a pesar de no ser casi conocidos fuera, y sin embargo no hay prácticamente lugares donde tocar. Hay que cambiar eso.
¿Se sigue recordando la etapa de florecimiento con Surfin’?
Los Surfin’ son lo más grande que ha habido en Albacete sin duda. Se sigue recordando, añorando e incluso publicándose merecidísimos discos de homenaje a los mismos, pero la gente de la música de Albacete tenemos que mirar hacia delante y creer que hay vida después de los Surfin’.
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Me entran sudores fríos, porque acabo de poner a cargar en youtube el vídeo de ‘El venao’. Y no es que le tenga miedo porque la canción sea un horror, sino porque implica volver atrás más de diez años, trece en concreto, y recordar uno de esos placeres culpables de la adolescencia.
Porque sí, ‘El venao’ es una de esas tonadillas de tipo taladro que acaban triunfando por no sé qué tipo de alineación cósmica. Vamos, que si lo piensas, es mala hasta rabiar. Pero, ay, salió en verano y las fiestas patronales de los pueblos, donde yo vivo, tienen mucho peligro: tienes que aguantar toda la noche despierto para luego poder coger el autobús de vuelta a casa. y eso implica que acabarás oyendo canciones como El Venao (o la también tremendísima El tiburón, de Proyecto Uno) cuatro o cinco veces por noche. Y, al final, las acabas disfrutando
Pero, que conste, yo no he escrito nada de eso ni vosotros lo habéis leído. Son rumores, son rumores.
El Venao arrasó en 1996, casi un año después de ser publicada. La tocaron todas las orquestas de los pueblos, no sólo de España, sino de casi toda Latinoamérica. Fue tal su capacidad de seducción que llegó a provocar discos enteros de versiones de la canción.
La “obra maestra” fue de Los Cantantes, un grupo liderado por el dominicano Ramón Orlando que, como tantos, acabó siendo víctima de su propio éxito. De hecho, el combo intentó repetir el éxito con otra canción de analogía animal, llamada El chivo. Fue un fracaso absoluto, claro. Y es que no es fácil dar dos veces en el clavo.
El Venao narra la historia de un cornudo, un pobre hombre que sospecha que su mujer se la pega con todos. Alguien que, encima, debe soportar las burlas de los demás.
Ay,mujer,la gente está diciendo por ahí
que yo soy un venao,soy un venao
que estoy amarrao, estoy amarrao,
ay, mujer,dime que eso es un cuento, por favor,
que no soy un venao, no soy un venao
y que sigo pegao, sigo pegao
El tema es pachanga pura: casi más hablado que cantado, con los típicos “teclados-trompetilla” (fundamental si uno quiere triunfar siendo latino) y con unos coros demenciales, que imitaban a los que se reían del protagonista de la canción. Como no estaba en español neutro, cada uno en los pueblos de España la acabó cantando a su manera. Creo que casi nadie decía “tiguere”, ni cosas así. Lo bueno de las canciones del verano es que, aunque les cambies un poco la letra, siguen teniendo su gancho.
Que cuando fui a Puerto Rico estabas llena de chichones,
no hagas caso,esa jugada,son rumores,son rumores
y que un tiguere te vio andando en los callejones
no hagas caso,esa jugada,son rumores,son rumores,
que cuando fui a Nueva York tenía amantes por montones,
no hagas caso,esa jugada,son rumores,son rumores,
y que de botellas vacías estaban llenos los rincones,
no hagas caso,esa jugada,son rumores,son rumores.
Y luego estaba el estribillo, una cosa absolutamente inenarrable: pegajoso como una lapa, e igual de molesto que una sanguijuela. Lo más común era ver a la gente vociferándolo y demostrando que sí, estaban de fiesta, y sí, llevaban más copas de las recomendables.
Y que no me digan en la esquina
el venao,el venao
que eso a mi me mortifica,
el venao,el venao
que no me abucheen en la esquina
el venao,el venao
que eso,mira,a mi me mortifica
el venao,el venao.
Dice la leyenda (pues hasta las canciones del verano tienen leyenda), que en algunos pueblos de Centroamérica el tema llegó a provocar el suicidio de varios hombres. Y no por malo, no: se ve que otros utilizaban el temita para burlarse de las infidelidades de sus mujeres. Por aquí yo nunca he sabido de nada parecido. Pero, de vez en cuando, al enterarme de alguien a quien le han puesto los cuernos, aparece en mente el dichoso venao.
¿Qué hizo de algo como El Venao un éxito? Nunca lo sabremos. Sin duda, tenía gancho para todas las edades: daba gusto ver a las abuelas meterse con sus maridos y gritarles “el venao, el venao”. Permitía, además, que en pleno alarde de amistad alcohólica, la gente se agarrase por los hombros y berreara (sí, como auténticos venaos) mientras no paraba de dar vueltas. tenía, en el fondo, el sonido descerebrado y machacón y las letras tontainas que deben tener las canciones del verano. Y sí, da algo de vergüenza oírla ahora, pero sólo porque un día la bailamos, la disfrutamos.
¿Sí? ¿Lo hicimos de verdad? ¿Llegamos a pasarlo bien con ‘El venao’? Son rumores, son rumores.
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La última jornada del Sónar 2008 presenta más propuestas acordes al espíritu inicial del festival que el resto de días de conciertos. Electrónica pura y muy poco pop, pero ojo, que el que hay es de órdago. A Barcelona llegan, entre otros, Yazoo, padres de tantos grupos de pop con sintetizadores.
Esta es una pequeña guía de recomendaciones para apurar hasta el último sorbo el Sónar. Hoy, en cualquier caso, es un día ideal para probar cosas nuevas y salirse de cualquier guión establecido.
Camping
Menos apegados que antes a las subidas y bajadas que Mogwai establecieron como norma de estilo, Camping han ganado en Politics of Love, su tercer trabajo, amplitud de miras y de recursos. A los catalanes ya no les pega la etiqueta de vanguardistas ni falta que hace, porque canciones como Battle (youtube) pueden ser disfrutadas igualmente, sin necesidad de sentir la tentación experimental. Quizás uno de los conciertos menos ‘avanzados’ del Sónar 2008.
Sábado 21. SonarComplex. 13.00
Matmos
‘Exciter Lamp and the Variable Band’ (yotube) es el primer single que Matmos han sacado de Supreme Balloon, donde su corta y pega ya no es tan extremo, sino que ahora parece ser casi pop. O, bueno, tan pop, por ejemplo, como las canciones menos idas de Animal Collective. Lo de Matmos es, cada vez más, digno del lema “a la felicidad por la electrónica”. Jugueteos que pondrán la banda sonora a algún futuro Super Mario Bros.
Sábado 21. SonarHall. 17.00
The Black Dog
Otros clásicos del techno de los 90. Encajados en esa etiqueta tan horrible como es la IDM (Intelligence Dance Music), The Black Dog fueron cola de león o cabeza de ratón de los nuevos sonidos electrónicos de la época. Aunque posiblemente no se centren en su primera etapa, el trío calavera que forma The Black Dog sigue teniendo ritmo en las venas. Y también esos bajones ambient tan característicos.
Sábado 21. SonarHall. 20.30
Yazoo
El concierto más sonado de Sónar 2008. Vince Clarke, quien en su día fuese responsable de los primeros éxitos de Depeche Mode, decidió negarse a seguir el camino casi rockero que la banda exigía y se puso a hacer canciones pop con el sobrenombre de Yazoo. Así, con un puñado de sintetizadores, Yazoo amasaron joyas de lo que hoy es puro sonido 80, como ‘Only You’ (Youtube).
Ahora, cuando llegan con un recopilatorio cuádruple, Vince y Alison han decidido revisitar el pasado y el Sónar se marca el tanto de ser el primero en verlos en directo.
Sábado 21. SonarClub. 23.30
Soulwax
Cuando unos tipos han logrado que tantos y tantos dejen sus prejuicios para bailar, como si de Prodigy se tratara, al ritmo de Robbie Williams (youtube), habrá que aceptar que su reinado bastardo merece la pena. Soulwax (2 Many DJs) llegan a Barcelona a presentar su recopilación de las remezclas que han estado tanto tiempo haciendo. Sólo hay un hilo conductor: pura diversión.
Sábado 21. SonarClub. 01.30
X-102 discovers The Rings Of Saturn
El trailer del proyecto (youtube) no deja lugar a dudas. Lo que Mike Banks y Jeff Mills van a poner sobre el escenario es una revisión de una de sus propias obras para poner música a las imágenes de la exploración espacial de Saturno. Dicho así, suena hasta un punto pedante, pero puede ser toda una experiencia de ciencia ficción.
Sábado 21. SonarClub. 03.15
Neon Neon
El hip-hopero Boom Bip y el Super Furry Animal Gruff Rhys pretenden convencernos de que su retro-pop hecho electrónicamente va mucho más allá del divertimento ocasional y que lleva carga de profundidad. Mientras dudamos, se nos quedan un puñado de canciones tan atractivas como ‘I Lust You’ (youtube)
Sábado 21. SonarPark. 00.00
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