
La que fuera novia del malogrado Jeff Buckley y colaboradora de Antony and The Johnsons en su disco I’m A Bird Now vuelve con un segundo disco en el que la violinista, cantante y compositora nos vuelve a llevar por los terrenos de un suave jazz pop intimista, lleno de ensoñaciones como las que nos provocan Start of my heart, con canciones de sentimientos puros y sencillez instrumental.
Atrás queda Real Life un debut más que notable y ahora Joan Wasser nos abre su corazón en un cancionero donde el piano es el instrumento principal, ahí tenemos el tema que da título al disco como ejemplo, una suerte de nana adobada con unas pocas cuerdas que apuntalan su severidad y melancolía.
Joan As Police Woman parece decirnos en To Survive que puede hacer música que pueda ser disfrutada por ajenos al indie de donde ha salido, más introspectiva, delicada y, por qué no, adulta, con canciones íntimas que hablan de sentimientos reales con los que te puedes familiarizarte o sentirte retratado. Ahí reside el plus de esta artista.
To Survive lo abre y lo cierra con dos versiones, una de David Sylvian (ex Japan), ‘Honor wishes’, y otra de Rufus Wainwright, con quien ya había colaborado anteriormente, ‘To America’, en el que encontramos a la Joan más lírica. Pero de todo este cancionero me quedo con el toque jazzie de ‘To be loved’, por cierto, single del disco, ‘Furious’, que bien merece una remezcla, y el optimismo contenido que transmite ‘Hard white wall’.
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Lágrimas negras, el disco que Bebo Valdés y Diego el Cigala editaron en 2003, vendió un millón de copias y como poco debieron de ser otro millón las que no pasaron por caja. Ahora, tras el excelente Picasso en mis ojos (2005), nos llega Dos lágrimas, un álbum que tendría que haber salido el pasado otoño pero los problemas del cantaor con su discográfica retrasaron su lanzamiento hasta la semana pasada.
Este libro-disco, que se vende en los quioscos de este país por iniciativa del periódico de mayor tirada, es todo un lujo tanto en el continente como en el contenido. En lo primero, nos encontramos con una larguísima entrevista que Juan Cruz le hace a Diego el Cigala, ilustrada con fotos de la grabación del disco y fotos promocionales del cantaor, junto con las letras de los temas y dos textos de Andrés Calamaro y Paco de Lucía.
Esto es lo que dice el guitarrista de El Cigala:
Diego es una de las voces más bonitas del flamenco de hoy, una voz de caramelo que derrama el corazón en todo lo que canta. Siempre que lo escucho se me alegra el alma.
Diego el Cigala – Si te contara (YouTube)
Dos lágrimas se empezó a gestar tras un viaje del cantaor a Berlín, donde vivía el cantante Reinaldo Creagh, uno de los fundadores de la Vieja Trova Santiaguera, y el pianista Guillermo Rubalcaba. Y así este cantaor de rajo ‘camaronero’ fue sumando a su ‘dream team’ de galácticos de la música del país caribeño a los percusionistas Changuito y Tata Güines, que falleció el pasado mes de febrero, y al contrabajista Yelsi Heredia.
Dos Lágrimas es un trabajo de flamenco fusión en el que hay coplas, tangos, boleros, guaguancós y danzones, todo en un ejercicio de sabiduría difícil de repetir. Y eso que hay aquí un número considerable de canciones conocidas: ‘Dos cruces’, ‘El día que nací yo’, ‘Historia de un amor’, donde Rubalcaba da muestras de su talento, ‘María de la Ó’ y dos viejos éxitos del gran Antonio Machín: ‘Dos gardenias’, con todos los músicos cubanos a pleno rendimiento, y ‘Compromiso’, bellísima con el abuelo Creagh a la segunda voz.
Diego el Cigala – Dos gardenias (YouTube)
Todas ellas las lleva el cantaor a su terreno haciendo un fino ejercicio de ofebrería de fusión que en el caso de ‘Bravo’, un tema que hizo Bambino y que El Cigala canta por bulerías, el single ‘Si te contara’ y ‘Compasión’ hacen que Dos lágrimas sea candidato desde ahora mismo a disco del año.
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Cuando dependes del transporte público para llegar a un lugar concreto, a una hora determinada, mejor ve pensando qué excusa habrá esta vez para no llegar, porque será lo más normal que pase. En mi caso, fue un autobús y su retraso lo que me impidió presenciar la primera canción de Lemuripop en la FNAC de Callao.
Pese al cabreo que se lleva uno en estos casos, cuando hay buena música de fondo, se pasan todos los males, incluso hasta el del servicio de transportes. Tenía ganas de ver por fin a Germán Coppini juntado con Álex Brujas en su nuevo grupo, presentando las canciones de su primer álbum, Primo Tempo (2008, Warner Music).
Lemuripop – Las Buenas Palabras (Youtube)
El escenario que tiene asignado la FNAC a los conciertos y a todos los actos culturales que se tercien, es pequeño, pero con una acústica sorprendente en comparación con otras grandes salas que son horribles. Así, las melodías de Lemuripop, una de las partes fuertes del proyecto, encontraban salvado el principal escollo y se escucharon bastante bien. El público que asistió al mini concierto gratuito llenó las contadas butacas disponibles (pese a que muchos de los asistentes no se veían muy atraídos por el sonido, pero ya se sabe: gratis y sentados…).
Germán Coppini sigue con su voz tan particular, con un timbre espectacular, oscuro y bien medido durante cada tema, dando a los versos una parte casi mística (ambiente que gusta mucho al cantante, prueba de ello son las letras). Dieron voz a ‘Tuaregs’ (Youtube), posiblemente el mejor tema de Primo Tempo, y uno de los mejores del año a nivel nacional bajo mi punto de vista, contando también con la ayuda de una componente femenina a la percusión, mientras que la melodía electrónica era introducida por Álex Brujas, sobre la que él mismo añadía su guitarra.
Lemuripop – Lemuria (Youtube)
‘Lemuria’ no podía pasar desapercibida, el que fuera inicialmente nombre del grupo sonó muy bien con las subidas en el estribillo; ‘Pon El Corazón Frente al Descontrol’ mantiene esa base de techno-pop que tan bien han sabido plasmar; más oscuros y electrónicos si cabe en ‘Dejemos al Hombre’, canción no incluida en Primo Tempo; y también pudimos escuchar otra de las mejores, como es ‘En El Día del Arrepentimiento’.
Lemuripop se presentaron y demostraron que el buen sonido de su álbum no es arbitrario, Coppini y Brujas saben muy bien qué se hacen y prueba de ello es el atrevimiento al versionar ‘Fiesta de los Maniquíes’, de Golpes Bajos (youtube), y haberla dado un aíre tan electrónico. Dicho tema fue el cierre a un gran concierto de breve duración.
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Cuando me enteré del proyecto conjunto que iban a parir estos dos me entró de inmediato la curiosidad. Por un lado, Hazhe aparcó recientemente su relación con Rapsusklei para afrontar nuevos proyectos y sonidos. En cuanto a Gran Purismo, el suizo no es un desconocido en nuestra escena, y su fusión de rap con entonaciones souleras me llamó mucho la atención tras su participación en el Vicios y Virtudes de Violadores.
Así que me enfrenté a este Aventuras en el paraíso con ciertas intuiciones de por dónde podrían ir los tiros, pero con un oído realmente virginal ante el contenido de sus 13 cortes. De primeras, me di cuenta de que Hazhe ha vuelto a dar en el clavo, esta vez alejado del sonido oscuro y subterráneo que produjo para Rapsusklei, Cloacka Company, entre otros. Sus beats están llenos de vitalidad, con una herencia más próxima al jazz y el funk.
Con sólo escuchar los dos primeros cortes, el homónimo del disco y ‘Diosa de ébano’, te entran ganas de saltar por toda la casa con la energía de la percusión y la fuerza de los loops. Ha sabido suplir la dificultad de dar el salto del rap jarkoreta de los artistas con los que ha trabajado hasta ahora al estilo de Gran Purismo, en el que las estrofas cantadas se funden con naturalidad con los rapeados. Demuestra así ser un productor versátil que no ha querido encasillarse, cuyo trabajo es sinónimo de calidad y frescura.
Por su parte, Gran Purismo se deja la garganta en temas como ‘Aventuras en el paraíso’ (Imeem) y ‘La vieja’, pero su fuerte son más bien las partes cantadas antes que las rapeadas. Quizá por no expresarse en su lengua materna, aunque ya sabemos que los nativos del norte de Europa son bastante hábiles con los idiomas (él mismo domina el inglés y el alemán además del español).
Se maneja bien tanto con tempos rápidos como con los más reposados, aunque yo me quedo con los primeros. Su mensaje no es nada del otro mundo, así que lo mejor es disfrutar del dinamismo de su voz, no necesariamente en temas de estricto fiesteo (como ‘Diosa de ébano’), pero sí en aquellos en los que hace falta poner las cuerdas vocales al máximo de vibración para poder competir con la fuerza de las instrumentales. No obstante, la excepción a esta regla es ‘Hablando con dios’ (Imeem), un corte que tira a oscuro abierto por un charles genuinamente jazzy.
Buenas tardes, ¿sabe quién soy yo?
Vine a molestarle, knocking on heaven’s door.
Se preguntará lo que vine a hacer
a un lugar que no he creído ser.
La curiosidad sólo me llevó
para confirmar si usted es Dios.
Rapsusklei no podía faltar en el apartado de colabos. El resultado es ‘Amantes de Morfeo’, que recuerda a un rock gótico subterráneo e inquietante. También está Erik Beeler, que recientemente ha editado su segundo disco, con su estilo plagado de esputos y vacileo.
No puedo decir que este sea el mejor disco de rap español que ha salido en los últimos meses, pero sí se encuentra en el top de los más originales. La variedad de influencias que nutre cada uno de los cortes y la inclusión de párrafos cantados lo hace asequible para oídos que no estén acostumbrados al metralleo del rap.
Sitio oficial | Hazhe
Sitio oficial | Gran Purismo
Ya sabéis que en Hipersónica el fenómeno fan nos llega muy de rebote. De vez en cuando, cuando sus discos y sus canciones se lo merecen, entramos a hablar de aquellos artistas que copan las listas más tradicionales, pero, por la propia concepción del blog, muchas veces nombre de éxito quedan fuera de él.
Hoy queremos compartir con todos vosotros el nacimiento de Fandemia, el nuevo blog de Weblogs SL dirigido al público adolescente. En Fandemia hablarán largo y tendido de esa parte de la música que en Hipersónica apenas tratamos, así como de los los programas de televisión que causan furor, de las estrellas del cine y los mejores estrenos.
¿Qué podréis encontrar en Fandemia? Por ejemplo, cómo se vive una gala de OT desde dentro. O la decadencia de algunas estrellas.
Además, allí veréis cosas… bueno… qué cosas.
Más información | Fandemia

¡Ay, Gene Simmons! Sin duda, tú eres la viva muestra de que cualquier tiempo pasado fue mejor… o al menos, para ti mismo. Sí, lo sabemos, añoras los 70, y te gustaría que todo volvieran a ser como entonces, cuando tú y tus chicos aún erais capaces de sacar discos demoledores que volvieran locos a la gente.
No debe de ser nada agradable acabar convertido en una parodia de ti mismo, intentando exprimir hasta la última gota de lo que fue tu gloria pasada para poder vivir el presente con los excesos que te caracterizan. Pero, por suerte o por desgracia, así son las cosas hoy para ti, y siento decirte que por más que maldigas, el pasado no volverá.
Te vengo a decir todo esto a raíz de tu reciente salida de tiesto, cuando has comentado eso de que “la industria musical está muerta, está seis pies bajo tierra y desgraciadamente han sido los fans quienes han hecho esto”. Hasta aquí podría conformarme con considerarlo una pataleta tonta, y pasarlo por alto; pero lo que ya me mosquea es que, a continuación, añadieras que no volveréis a grabar material nuevo hasta que la gente deje de descargar canciones.
Aquí, amigo Gene, es cuando me doy cuenta de que lo tuyo es la excusa más barata y cobarde que he visto en mucho tiempo para justificar la inoperancia creativa que, a todas luces, sufre unos Kiss que dejaron de mostrar su mejor cara hace décadas. Con esto demuestras no sólo ser incapaz de admitir que tu banda no ha podido parir un solo álbum en muchos años (del disco que sacaste en solitario titulado ‘Asshole’ mejor ni hablamos, ¿no te parece?), sino que encima intentas culpar al resto del mundo por ello. Apaga y vámonos.
Pues lo siento, pero no seré yo el que llore por esos discos que la Humanidad debe estar perdiéndose mientras haya quien, como tú, siga pensando que si realmente está muerta la industria, es por culpa los consumidores a los que durante tantos años habéis intentado tratar como tontos, y a los que encima tenéis el valor de mortificar por no haber querido pasar por vuestro aro.
Espero que sigas ganando mucho dinero con tus muñequitos y ese pésimo reality show junto a tu familia, y que al menos en el escenario sí que podáis dar la talla por todos aquellos que se dejan su sueldo en ir a veros. Y si algún día la gente deja de descargar música por Internet ya te aviso yo, pero no es necesario que saquéis más discos, que con los que compusisteis en los 70 ya nos sobra, tranquilo.
Y aquí te dejo este vídeo, para que puedas verte en toda tu gloria, durante la entrevista que concedisteis en el Download Festival. Tu gran intervención viene registrada al terminar el primer minuto de grabación:
Vía | NME
Vídeo | YouTube
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Hay conciertos que merece la pena ver, no ya por el sonido cinco estrellas, por unas canciones perfectas, sino por la sensación que se siente al estar frente al grupo en una sala pequeña y disfrutando de su música tan especial. The Ruby Suns son un grupo de Auckland, Nueva Zelanda, y al parecer, en España son desconocidos si vemos el público que asistió a la antigua Galileo Galilei, ahora denominada NEU! Club.
No había más de treinta personas (y quizás sean demasiadas) como asistentes, la pista vacía y el grupo en el escenario, con un aspecto juvenil y con un cantante intentando demostrar sus tres palabras de español que había aprendido. Ese aspecto tan inocente del trío formado por Ryan McPhun, Amee Robinson, Imogen Taylor se transmitío en las canciones y fue una delicia poder disfrutarlas en este ambiente.
(The Ruby Suns, Tane Mahuta, youtube)
Con sólo tres personas el sonido de su segundo disco, Sea Lion (2008, Lil’ Chef), podría antojarse demasiado ambicioso para casarlo igual en el directo; y así fue. No consiguieron repetir las melodías tan bien cuidadas y construidas que nos dejan en el álbum, la psicodelia de sus canciones fue menor y todo era un cúmulo de partes mezcladas e instrumentos por libre.
Pero estoy seguro que ellos querían eso, querían sonar así, sonar de una forma en que nada estuviese milimetrado, donde un sonido digitalizado en el ordenador se juntase con una batería y mientras ellos hiciesen coros en los micrófonos. Ahí residió su magia, en transmitir la psicodelia de grupos como Panda Bear ahora mismo, pero desde una posición más modesta.

Su mejor arma fue la batería cuando era tocada por Ryan McPhun, quien parece llevar todo el peso de la banda y ser el cabeza pensante. Los ritmos que añadía McPhun sobre las bases electrónicas tenían esa fuerza y destreza de un impulso reprimido que de repente estallaba.
Es difícil quedarse con una de todas las que sonaron. ‘Ole Rinka’ fue un buen comienzo para el concierto, más intimista imposible, anticipando qué traería la noche. ‘Oh, Mojave’ no tuvo la pegada del disco, pero tuvo su gracia. ‘Morning Sun’ dio el toque bailable. ‘There Are Birds’ y ‘Kenya Dig It’, son de sus mejores canciones, y también fueron de las que más destacaron. Y así cualquiera, todas tuvieron su particular momento.
(The Ruby Suns, Kenya Dig It (live); youtube)
Cerca de 45 minutos, que parecieron ser más y que de haber sido así, se hubiesen disfrutado entre ritmos mágicos y momentos únicos. Nada de conciertos repetidos y monótonos, donde un grupo no transmita nada al público, más experimento e innovación. The Ruby Suns, son un ejemplo de que con poco, puede hacerse algo sensacional.
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MySpace | The Ruby Suns
Tremenedo, tremendo, tremendo. Todavía estoy sin parar de reír con el vídeo que se han montado Ugly Pictures a costa de una hipotética batalla a muerte entre diversas portadas de discos a lo largo de la historia.
¿Pink Floyd desafiando a Coldplay? ¿ACDC disparando a Depeche Mode? ¿Rick James tratando de cargarse a Eminem? ¿Por qué desapareció la cuarta pata del perro de Alice In Chains? Todo eso lo responde este vídeo, que en dos minutos y medio da un buen repaso a la historia del rock a través de sus portadas de un modo delirante.
El momento de Ozzy Osbourne saliendo disparado a comer cabezas es impagable. ¡Aviso: este vídeo puede producir carcajadas en tu lugar de trabajo! Repito: tremendo.
Vía | En Estéreo
Vídeo | Youtube
Es fácil decir que la carrera de Neu! se resume en su primer disco homónimo. Es más, se podría decir que, incluso, toda su discografía se resume en dos temas, ‘Hallogallo’ y ‘Negativland’. El primero es el que, tradicionalmente, se ha llevado toda la atención mediática, ya que se le ha querido ver como la piedra angular sobre la que se edifica el krautrock, una etiqueta ambigua para definir a los grupos progresivos alemanes, que a diferencia de los anglosajones, eran más rítmicos que paisajísticos.
Sin embargo, yo soy de los que prefiere ‘Negativland’, porque condensa otras muchas cosas y, sobre todo, porque su tratamiento de la sección rítmica marcará a la mayoría de los grupos post-punk. También porque sus nueve minutos son todo un ejercicio de hipnotismo: el oyente entra en la espiral, pero, aunque quiera, no sale hasta que el grupo alemán decide echarlo de una patada.
‘Negativland’, que sirvió para dar nombre a uno de los grupos más activistas en contra del copyright, es una tormenta de ruidos y bajos saltarines. Es una de las canciones que dio vida a Sonic Youth: ambos grupos tratan las guitarras de la misma manera, con esos solos que parecen casi freejazz. Es también el tema que Martin Hannet escuchó y cuya producción quiso emular en Unknown Pleasures, el debut de Joy Division.
Dúo formado por dos exiliados de Kraftwerk, la existencia de Neu! estuvo plagada de saltos en el tiempo. Lo mismo grababan un disco que después desaparecían durante años. De hecho, su carrera está compuesta por cuatro discos de estudio, pero con el primero de ellos se bastaron y sobraron para dejar un legado duradero. Aún hoy resuenan los ecos de su música frondosa, virtuosa (ambos eran multiinstrumentistas) y basada en el ritmo.
‘Negativland’, el quinto y penúltimo tema de su debut (1972), es un torbellino nacido de la improvisación. En él, el ritmo negro, funky, del bajo de Michael Rother y el metrónomo perfecto que es la batería de Kalus Dinger se funden con los paisajes desolados de las guitarras y los sintetizadores. Casi parece que la canción se grabó junto a un aeropuerto, puesto que las cuerdas de las guitarras emulan el sonido de los aviones pasando continuamente justo por encima del grupo.
Después de siete minutos, el ritmo se acelera y las guitarras se afilan y se convierte en la banda sonora perfecta para cualquier ciudad, para cualquier polígono. Y, en plena ebullición, el tema se corta, acaba en rampa de lanzamiento. Desde allí han saltado grupos como David Bowie, Pere Ubu, Tortoise, Fennesz, o, por supuesto, Stereolab (aunque éstos beben más de ‘Hallogallo’). Pero, más allá de quien haya seguido esta canción (que son muchos y siempre importantes) lo que queda es una manera de entender el ritmo: en cuanto suena algo de Neu!, sabes que sólo puede ser de ellos.
Vídeo | Youtube
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No soy nada, pero nada seguidor de las aventuras de Alex Turner al frente de los Arctic Monkeys. La única conclusión en firme que he sacado de su música es que, si me llega a pillar con diez años menos, posiblemente me hubiese contagiado de la efervescencia en torno a ellos y a sus canciones. pero, por alguna razón que no logró explicar, ninguno de sus discos me ha hecho tilín: los he dejado porque acaban aburriéndome.
Por contra, me gusta y mucho el disco de The Last Shadow Puppets, esa aventura paralela que Turner se ha montado junto a su colega de The Rascals Miles Kane. Me gusta porque, lejos de su cara más rockera, Turner ha conseguido firmar un buen puñado de canciones de pop dramático fantásticamente arregladas por Owen Pallet (Final Fantasy). La mezcla era contra natura, pero todo ha quedado perfecto: todos los integrantes se han olvidado de sus principales cualidades para ponerlas al servicio de un disco casi glam.
‘Standing Next to Me’ es su segundo single, una historia pop con fibra y nervio que no necesita nada más allá de dos minuots y 20 segundos para decirlo todo. No tan lejos de lo que David Gedge hacía en Cinerama antes de resucitar de nuevo el raca-raca de los Wedding Present. En el fondo, es lo mismo que aquello: puro amor por el pop más cinematográfico. ‘Standing Next To Me’ sería una gran canción para una banda sonora si éstas no estuviesen empeñadas en buscar los baladones, cuánto más épicos mejor.
Vídeo | Youtube
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Podía haber sido Inicio, Punto de partida, Atrás… y es que Lo imprevisto es precisamente un regreso a sus orígenes, un abandono a su etapa experimental para volver a sus primeros discos. Pero sin la fuerza y la mala leche, sin ese punto oscuro que caracterizó aquella primera época de los granadinos, Lo imprevisto corre el riesgo de quedarse en tierra de nadie, demasiado espeso para ser digerido por los consumidores masivos de radiofórmulas, más calmado de lo esperado por muchos de los seguidores de Lagartija Nick.
Estamos en el 2004, la banda se encuentra quizás en su momento más difícil, tras comprobar que el camino seguido en su anterior disco Ulterior no es el acertado, es necesario emprender un nuevo rumbo y deciden para ello rebobinar, pero con el play puesto en el presente. No tendría ningún sentido ahora retroceder catorce años y mucho menos tirar por la borda todo lo descubierto en cada uno de los recovecos que han ido habitando. No, esa mirada al pasado no es más que una salida a la superficie en busca del oxígeno necesario para seguir buceando.
‘Farenheit 451’ (Imeem) fue el single elegido para promocionar su nuevo disco y resume perfectamente cual es su nuevo sonido, bueno, no tan nuevo.
La buena noticia viene de la mano (mejor dicho, de las baquetas) de Eric Jiménez, quien regresa a Lagartija Nick, compaginándolo con la que ya es su banda principal Los Planetas, y acompañar de esta manera a Antonio Arias, Lorena Enjuto (su mujer) y Jesús Requena. Así lo explicaba Antonio:
Al venir de los mares sin viento lo mejor era buscar mares con tempestades, vientos favorables y en las longitudes más altas nos encontramos con Erik. Y con Erik lo que conseguimos fue una regresión psicológica a nuestra adolescencia, a recuperar las canciones que nos gustaban cuando él y yo empezamos con la banda, no con la intención de volver a recrear el primer molde después de romperlos todos sino con la intención de juntarnos, sin ningún compromiso y ninguna concesión
Pero no será la de Erik la única mirada atrás en cuanto a la composición de la banda. Se vuelve a contar con Fino Oyante de Los Enemigos para que se encargue de las tareas de producción (como ya hizo en Hipnosis) y las colaboraciones de Victor Lapido y otros dos componentes de Los Planetas (Jota y Florent) que hacen que Lo imprevisto tenga los momentos más planetarios de toda la discografía de la banda, como ‘Ojalá’ (Imeem) o esa rareza que es ‘Fulcanelli’ (Imeem) en la que Jota le canta, a dúo con Antonio Arias, a este misterioso alquimista.
Otra ruptura, en este caso con Zero Records para crear su propio sello Lagartija Records en busca de la mayor libertad que siempre está asociada a la autoedición. Como resultado nos encontramos con su disco más terrenal, más pausado, maduro, accesible, un disco que resume la carrera del grupo que mejor ha sabido reinventarse en cada nuevo trabajo sin dejar de ser ellos mismos, de todo el panorama musical español. Aquí encontramos todo su imaginario, las programaciones y bases electrónicas no están en primer plano pero siguen siendo fundamentales, al igual que lo son sus guitarras afiladas y sus textos metafísicos. Hasta descubrimos pinceladas flamencas en la inquietante ‘Melodía y Sombra’ (Imeem).
Está bien, muy bien, aunque yo siga prefiriéndoles más extremos se agradece esta parada en el camino para reflexionar de forma calmada, sin asumir grandes riesgos, para demostrar que Antonio Arias sabe encauzar perfectamente a los suyos, por si alguno aún lo dudaba, sólo hay que escuchar la fuerza con la que abren en el tema que da título a su nuevo disco ‘Lo imprevisto’ (Imeem), aunque creo que lo verdaderamente imprevisible es lo que pueda pasar a partir de ahora, con ellos siempre lo es.
Sitio oficial | Lagartija Nick
Especial Lagartija Nick | Hipnosis, Inercia, Su, Omega, Val del Omar, Lagartijanick, Ulterior

Han pasado muchos años desde que los alemanes The Notwist parecieran dar con la clave para unir la electrónica de clicks y cuts, de errores digitales, con el indie. Muchos años desde Neon Golden. O bueno, no tantos, algo más de cinco, pero eso, hoy en día, parece una eternidad. Va todo tan rápido que los discos de 2003 pareen de los 90 o de los 80, como si fueran de cuando éramos jóvenes. Al ritmo que va la música, es más fácil sentirse contemporáneo de un disco de Leonard Cohen de los 70 que de uno con cuyo nacimiento hayamos convivido.
Los miembros del grupo no han estado parados, pero no han logrado igualar en ninguna de sus otras aventuras el impacto emocional de Neon Golden, por lo que aprecía obvio que tampoco su siguiente disco como banda iba a lograr un resultado similar. Pero The Devil, You+Me demuestra que eso a ellos les preocupaba más bien poco. Porque, en vez de agobiarse por la imposibilidad de lograr llegar de nuevo a su cima, The Notwist han optado por crearse otra, justo al lado. Puede que no tan alta, pero sí con encantos, algunos similares y otros distintos.
Se nota en su nuevo disco que The Notwist han querido alejar de su música gran parte del matiz sentimental que incendiaba casi cada canción de Neon Golden. Ahora, su música suena más fría, lo que no quiere decir más distante: lo que está claro es que era imposible repetir un disco que volviese a colocar al oyente en el centro del huracán emocional.
Para superar los complejos frente al aclamadísimo Neon Golden (curioso, cuando es un álbum con pinta de disfrutarse más cuanto más pequeño es todo a su alrededor), The Notwist han tenido que invertir dos años enteros en componer y grabar su continuación. Pero The Devil, You+Me no suena demasiado pensado: sí detallista, sí lujoso, sí en busca de la perfección formal. Pero no sobrecargado, no complicado porque sí, para nada enrevesado.
Con uno de los mejores comienzos del año (‘Good Lies’, ya lo comenté aquí) y una canción digna de los mejores Hood (‘Where in this World’), The Notwist meten en harina al oyente con sus mejores bazas: el sonido indie de las guitarras, los trucos electrónicos, la cada vez mejor voz de Markus Acher, ahora más humana.
Fantástico, y no muy difícil, puede ser ver ‘Gravity’ (imeem) en los ipods de los mismos que adoran a Radiohead. O ‘Gloomy Planets’ (imeem) en los de quienes están enamorados de Death Cab For Cutie. Con singles potenciales a mansalva (funcionan de manera individual la mayoría de las canciones) y una coherencia interna envidiable, a The Devil, You+Me sólo le acaba pesando el nivel demasiado similar de todas las canciones. Como todas apuntan o llegan al notable, pero, salvo las dos del comienzo, ninguna acaba de despuntar del todo, uno tiene la sensación de que es muy fácil infravalorar el disco, sobre todo si ya eres seguidor de la banda.
Sin embargo, la oscuridad de algunas de las canciones finales (como la tensa ‘On Planet Off’) puede servir para que The Notwist lleguen a nuevos oyentes. Continuidad, calidad y apertura de ideas. ¿Hay algo mejor que se pueda decir de la continuación de la cumbre de cualquier grupo?
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